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Guayaquil honra su historia cacaotera con cultura, patrimonio y emprendimiento

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Antes de convertirse en una metrópoli moderna, Guayaquil construyó parte de su crecimiento alrededor de una actividad que la conectó con mercados de todo el mundo. En el marco del Día Mundial del Cacao, que se conmemora este 7 de julio, el Municipio de Guayaquil recuerda la importancia de la denominada “pepa de oro” en la historia de la ciudad y destaca las acciones que impulsa para preservar y difundir su legado.

 

La ciudad fue reconocida entre los siglos XVIII y XX como una capital mundial del cacao por su papel como puerto, centro comercial y eje exportador del producto que marcó la economía ecuatoriana. Diversas referencias históricas vinculan directamente a la ciudad con el auge de este producto, que convirtió al Puerto Principal en uno de los principales centros de comercio de la región.

 

En calles del centro, como la actual calle Panamá, el cacao formaba parte del paisaje cotidiano: allí se extendían tendales donde el grano se secaba al sol antes de ser almacenado y embarcado. En aquella época, la urbe aún estaba rodeada de grandes haciendas como Mapasingue, mientras el río Guayas servía de ruta para el traslado de la producción desde distintos puntos de la región.

 

Toda esta historia está documentada en varios libros y publicaciones especializadas que reposan en la Biblioteca Municipal de Guayaquil, cuyas puertas permanecen abiertas también los sábados para facilitar el acceso ciudadano al conocimiento y al patrimonio documental.

 

Otro guardián de la historia de la “pepa de oro” es el Museo Nacional del Cacao, ubicado en la calle Panamá. El espacio funciona en la antigua Casa Guzmán Aspiazu, una edificación patrimonial vinculada a una de las familias cacaoteras más importantes de finales del siglo XIX, cuyos portales fueron utilizados para el secado del grano.

 

Desde el 26 de agosto de 2025, el museo funciona bajo administración municipal y ha fortalecido su enfoque educativo, cultural y patrimonial mediante una programación alineada a cuatro ejes museológicos: naturaleza, medioambiente y ciencia; identidad y memoria; patrimonio e historia; y comunidad e interculturalidad. “La diferencia es que ahora todos los servicios tienen gratuidad y mayor flujo”, indicó Leslie Bueno, coordinadora de programación cultural del museo. Desde el inicio de la administración municipal, el espacio ha registrado más de 50.000 beneficiarios entre visitantes, asistentes a talleres, conversatorios, conciertos, recorridos patrimoniales y actividades especiales.

 

Como parte de esta agenda, el pasado fin de semana se realizó una feria dedicada a la cultura del cacao, con la participación de artistas, emprendedores y productores. Uno de los expositores fue Tomás Jácome, artista de 75 años, quien durante toda su carrera ha encontrado en la identidad guayaquileña una fuente de inspiración.

 

“He dedicado mi vida a la creatividad haciendo cosas relacionadas con el cacao. Porque si yo no lo hago, ¿quién lo hace?”, contó Jácome, quien presentó pequeñas esculturas en madera que retratan la época de oro de este producto. “Cuando yo era pequeño, venía por esta calle y veía el cacao, algo nuestro. Y olía a cacao”, recordó.

 

El impulso municipal también alcanza a emprendimientos relacionados con la cadena de valor de este producto. A través de ÉPICO, la Empresa Pública Municipal para la Gestión de la Innovación y la Competitividad, productores locales reciben capacitaciones y acompañamiento para fortalecer sus negocios.

 

Mariana Checker, CEO de Chocolates Graniche, emprendimiento familiar con una finca productora en Milagro y procesamiento de derivados en Guayaquil, destacó el impacto del acompañamiento institucional en el crecimiento de la marca. “ÉPICO ha sido fundamental porque hemos crecido en la parte empresarial, siendo un pilar en las capacitaciones, en los fondos comerciales y también en el cambio social y digital que hemos tenido”.

 

De esta manera, Guayaquil mantiene vivo un legado que ayudó a construir su identidad y su desarrollo económico. Desde la administración municipal, esta memoria se preserva y proyecta como parte de la historia que une a la ciudad con la tradicional “pepa de oro”.

 

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