Las fiestas de parroquialización de Posorja no solo evocan su desarrollo y crecimiento, también invitan a recordar las historias y tradiciones que han construido la identidad de esta parroquia rural de Guayaquil. Entre ellas permanece una de las leyendas más conocidas de la costa ecuatoriana: la historia de Posorjá, la mujer que, según la tradición oral, tenía la capacidad de anticipar guerras, cosechas y el destino de gobernantes.
Aunque no existen registros históricos que confirmen su existencia, su relato ha trascendido generaciones y continúa formando parte de la memoria colectiva de los habitantes de la zona. La leyenda cuenta que, cuando era niña, llegó por el mar a bordo de una pequeña embarcación, envuelta en cobijas con extraños símbolos, causando asombro entre quienes la encontraron. Tenía cabellos de “color y finura de las hebras que la mazorca tierna del maíz”, según la descripción del escritor J. Gabriel Pino Roca, quien recopiló esta tradición oral y la publicó en Tradiciones, leyendas y páginas de la historia de Guayaquil, en 1930.
Los habitantes de la península de Santa Elena relataban que la joven poseía un caracol de oro atado a un collar. Con el paso del tiempo, aquel objeto le permitía escuchar mensajes premonitorios relacionados con cosechas, invasiones y otros acontecimientos. Criada como hija de un jefe local, fue conocida como la princesa Posorjá, nombre que significaría espuma de mar.
Su historia también está vinculada con episodios clave del antiguo Tahuantinsuyo. Según la tradición, cuando el emperador inca Huayna Cápac llegó a estos territorios, escuchó sobre los dones de la joven y quiso conocer su destino. Ella le pidió que la mirara a los ojos y entonces aparecieron dos visiones: la muerte del gobernante en el palacio imperial de Tomebamba y la guerra entre sus hijos Atahualpa y Huáscar por el control del imperio.
Tiempo después, Atahualpa llegó a la zona herido tras un enfrentamiento con los habitantes de la isla Puná. Posorjá lo ayudó a recuperarse mediante el uso de hierbas y, posteriormente, el gobernante también quiso conocer su futuro. La respuesta incluyó dos anuncios: su triunfo sobre Huáscar y una posterior derrota frente a un ejército extranjero acompañado de animales desconocidos, una referencia a la llegada de los españoles y sus caballos.
Tras revelar aquella visión, la leyenda señala que Posorjá caminó hacia el mar, hizo sonar su caracol de oro y una ola la cubrió hasta desaparecer. Más allá de la tradición oral, investigaciones realizadas por Emilio Estrada Icaza y los arqueólogos Betty Meggers y Clifford Evans, entre las décadas de los cincuenta y sesenta, no encontraron evidencia sobre su existencia. Sin embargo, sí identificaron sitios precerámicos, materiales de la cultura Jambelí y vestigios de la presencia Guancavilca en la zona.
En una fecha que conmemora un nuevo año de historia para Posorja, relatos como este mantienen viva la memoria de sus raíces, fortalecen el sentido de pertenencia y preservan el patrimonio cultural que continúa identificando a sus habitantes.










