El reconocimiento de Guayaquil como Ciudad Árbol del Mundo no responde a una acción aislada, sino a un modelo de gestión sostenido que cumple rigurosamente con estándares internacionales para el manejo del arbolado urbano. Esta distinción se basa en criterios como la existencia de un marco legal sólido, una estructura institucional definida, asignación de recursos y planificación técnica sustentada en información confiable.
Uno de los pilares de este proceso es la Ordenanza que regula el manejo y gestión de los espacios verdes de uso público y el arbolado urbano del cantón. Esta normativa establece que el arbolado forma parte de la infraestructura verde de la ciudad y orienta su protección hacia la conservación de la biodiversidad, el resguardo del patrimonio natural y la provisión de servicios ambientales.
En esa línea, la Ordenanza también fija límites claros para la intervención del arbolado. Durante la administración del alcalde Aquiles Alvarez, estas disposiciones se han aplicado con rigor, incluyendo sanciones cuando se afecta un árbol o más sin justificación técnica y autorización respectiva. Estas sanciones pueden alcanzar hasta 50 salarios básicos, tal como lo establece el Art. 48 en su escala de multas y aplicación de sanciones, e incluyen medidas de compensación como la reposición mínima obligatoria de 10 especies por cada árbol afectado.
Este marco se articula con una planificación técnica que prioriza el uso de datos actualizados y diagnósticos permanentes. A través de un Plan de Gestión, se orientan las decisiones hacia el corto, mediano y largo plazo, consolidando la construcción de una gran malla verde como legado para las futuras generaciones.
En la práctica, esta combinación de herramientas legales, planificación y decisión institucional marca una diferencia frente a otras ciudades, donde la gestión del arbolado suele ser reactiva o dispersa. En Guayaquil, cada intervención responde a criterios técnicos, cada afectación tiene consecuencias y cada árbol forma parte de un sistema protegido.
Esa coherencia entre normativa, institucionalidad, inversión y planificación fue determinante en la evaluación internacional del programa Tree City of the World, que destacó un modelo donde el cuidado del arbolado no se limita a plantar, sino a gestionar, preservar e incrementar nuestro patrimonio arbóreo con reglas claras.









