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Guayaquil y su lucha de siglos contra el fenómeno climático El Niño

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La historia de Guayaquil también puede contarse a través de sus lluvias. Mucho antes de que existieran pronósticos meteorológicos, sistemas de alerta temprana o infraestructura especializada para el drenaje de aguas lluvias, los habitantes de la costa ecuatoriana ya enfrentaban los efectos de un fenómeno capaz de transformar paisajes, alterar la economía y poner a prueba la capacidad de respuesta de ciudades enteras: El Niño.

 

Las huellas de estos eventos extremos no solo quedaron grabadas en la geografía de la región. También permanecen en las crónicas de viajeros, exploradores y testigos que documentaron lluvias inusuales, inundaciones y alteraciones del mar desde los primeros años de la conquista española. Uno de esos registros corresponde a Francisco de Xerez, escribano de Francisco Pizarro, quien dejó constancia de que en 1525 se presentaron "tormentas, fuertes chubascos y condiciones marítimas anómalas". Su relato constituye una de las referencias históricas más antiguas asociadas a las manifestaciones del fenómeno en las costas del actual Ecuador.

 

A lo largo de los últimos 500 años se han documentado decenas de episodios similares. Algunos han sido confirmados por estudios climáticos e históricos; otros permanecen como referencias parciales debido a la escasez de información disponible. Sin embargo, ya entrado el siglo XX, la cobertura periodística comenzó a ofrecer un retrato más detallado de cómo estos fenómenos impactaban la vida cotidiana de los ecuatorianos.

 

El invierno de 1932: una ciudad bajo el agua

 

Uno de los episodios más recordados ocurrió en marzo de 1932. Las páginas de Diario El Telégrafo, conservadas en la Biblioteca de la Universidad de las Artes, describen una ciudad paralizada por las lluvias. "Ayer Guayaquil quedó inundado… A las 7 de la noche las calles estaban inundadas… cerca de las 9 era imposible transitar… la Plaza del Centenario semejaba un mar", informaba el medio de comunicación el 17 de marzo de ese año.

 

La misma publicación advertía sobre problemas que, nueve décadas después, continúan siendo fundamentales para la gestión de riesgos urbanos: la obstrucción de las cañerías por basura y el impacto de las mareas altas sobre el sistema de drenaje.

 

Dos días más tarde, el diario reportaba que 30 derrumbes interrumpían el tráfico de la vía férrea, mientras que el 22 de marzo daba cuenta de un fuerte temporal en la costa de Manglaralto que hizo zozobrar a la balandra Santa María. Las noticias de los días siguientes confirmaron que la emergencia no se limitaba a Guayaquil. Varias provincias de la Costa enfrentaban inundaciones, daños en infraestructura y afectaciones a las actividades productivas.

 

1983: uno de los eventos más devastadores del siglo

 

Cincuenta y un años después, Ecuador volvió a enfrentar un episodio extraordinario. El fenómeno de El Niño de 1982-1983 es recordado como uno de los más severos de la historia contemporánea del país, y la magnitud de sus consecuencias quedó reflejada en los titulares de la época.

 

Los archivos de Diario El Universo, preservados en la Biblioteca Municipal, relatan una sucesión de acontecimientos que reflejan la gravedad de la emergencia. El 1 de febrero de 1983, el periódico alertaba que 200 mil personas estaban sin alimentos y reportaba deslaves, destrucción y pérdidas humanas en Mapasingue. Al día siguiente se registró el colapso de una vivienda en la intersección de García Moreno y Sucre, en Guayaquil.

 

El 3 de febrero se informaba sobre la llegada de 500 toneladas de leche en polvo desde Argentina para asistir a los damnificados, mientras que en Manglaralto, provincia de Manabí, el mar había arrasado con 300 viviendas.

 

El 5 de febrero, un deslave en el cerro Santa Ana cobró la vida de siete personas. La dimensión de la tragedia movilizó a todo el país. El 6 de febrero se realizó la denominada "Telemaratón de los Cien Millones", una cruzada solidaria que reunió a artistas nacionales e internacionales, entre ellos Yuri y José Luis Perales, para recaudar fondos destinados a miles de familias afectadas.

 

La lección de la historia: prevenir para proteger

 

Más de cuatro décadas después, Ecuador vuelve a enfrentar una alerta climática asociada al posible desarrollo de eventos de lluvias intensas. Sin embargo, existe una diferencia fundamental respecto a los episodios del pasado: hoy la preparación y la prevención ocupan un lugar central en la gestión pública.

 

Con esa visión, la administración del alcalde Aquiles Alvarez inició acciones preventivas desde mayo de 2023. Desde entonces, EMAPAG EP ha ejecutado 57 obras destinadas a ampliar la capacidad de evacuación de aguas lluvias mediante los planes Choque 1, 2 y 3, con una inversión superior a los USD 20 millones.

 

De manera paralela, a través de SEGURA EP, la Gerencia de Gestión de Riesgos identificó zonas vulnerables y conformó 263 comités barriales capacitados para actuar ante posibles emergencias. A estos esfuerzos se suman las acciones desarrolladas por la Dirección de Salud, DASE EP y otras dependencias del holding municipal.

 

La historia demuestra que ningún Municipio puede enfrentar por sí solo los efectos de un fenómeno climático de gran magnitud. La resiliencia de la ciudad depende tanto de las obras de infraestructura como de la participación de sus ciudadanos. Por ello, junto con los esfuerzos institucionales, es fundamental la corresponsabilidad de los guayaquileños: evitar arrojar basura en alcantarillas y sumideros, mantener limpios los sistemas de drenaje de sus hogares y realizar las reparaciones preventivas necesarias en sus viviendas.

 

 

 

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