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Así celebraba la Perla del Pacífico las fiestas octubrinas hace 100 años

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Mucho antes de los conciertos multitudinarios, los festivales gastronómicos y las celebraciones contemporáneas, Guayaquil ya convertía octubre en el mes más esperado del año. Hace un siglo, la ciudad conmemoraba su Independencia con una agenda que combinaba civismo, deporte, cultura, tradición y espectáculos populares capaces de movilizar a miles de personas.

 

Los registros de prensa de 1926 muestran una ciudad volcada a las celebraciones, adornada con banderas, repleta de visitantes y con una programación que se extendía durante varios días. Los festejos no se limitaban al 9 de Octubre: eran una verdadera temporada festiva que reunía a autoridades, delegaciones extranjeras, instituciones civiles y ciudadanos de todos los sectores.

 

Uno de los eventos que despertó mayor expectativa ocurrió el 3 de octubre de 1926, con la llegada del Arturo Prat F.B.C., club de primera división de Valparaíso y campeón de la Copa Sporting de 1924 en Chile. La visita del equipo formó parte de la inauguración de la Copa Cervecería Nacional, cuyo partido inicial congregó a una multitud en el Stadium Municipal, escenario que años después sería conocido como Ramón Unamuno. Entre los asistentes estuvo el presidente de la República, Isidro Ayora Cueva, reflejo de la relevancia que alcanzaban los encuentros deportivos dentro del programa octubrino.

 

La ciudad también recibió a invitados internacionales. El 6 de octubre arribó Juan Antonio Guisado, Primer Jefe del Cuerpo de Bomberos de Panamá, quien participó en las festividades por invitación de su homólogo guayaquileño, Geo Chambers Vivero. Mientras tanto, escuelas y colegios tomaban protagonismo con revistas de gimnasia, carreras atléticas, competencias ciclísticas y juegos estudiantiles que convertían calles y plazas en espacios de encuentro.

 

La víspera de la Independencia tuvo además uno de los espectáculos más populares de la época. El 8 de octubre se presentó una corrida de toros encabezada por el español José García ‘Alcalareño’, en una actividad que entonces formaba parte habitual de las celebraciones oficiales. El 9 de octubre, la Perla del Pacífico amaneció con cañonazos desde el Fortín del cerro Santa Ana, y con banderas del Ecuador y de la ciudad en edificios y viviendas, además de las 24 compañías del Cuerpo de Bomberos engalanadas.

 

En el Parque Centenario, el Municipio colocó ofrendas florales para rendir homenaje a los próceres de la Independencia. Al tributo se sumaron la colonia chilena residente en la ciudad y el Comité Nueve de Octubre de Cuenca, evidenciando la dimensión nacional e internacional que alcanzaba la conmemoración. Desde ese mismo lugar partió una parada militar, seguida por el desfile de los bomberos, dos de los momentos más solemnes y concurridos del día.

 

La Sesión Solemne constituyó otro de los actos centrales. El secretario del Cabildo dio lectura al acta original de la Independencia de Guayaquil, mientras el presidente del Concejo, Teófilo N. Fuentes Robles, pronunció el discurso principal. Durante la ceremonia, el delegado cuencano Aurelio A. Bayas presentó el acuerdo que denominó como ‘Plaza Guayaquil’ al espacio ubicado entre Solano y Junín, actuales Padre Aguirre y Antonio Vega Muñoz, hoy conocido como Plaza María Auxiliadora en la capital azuaya.

 

Cuando cayó la noche, la celebración se trasladó al río Guayas. La tradicional ‘Noche Veneciana’ llenó de luz el estuario con embarcaciones iluminadas que navegaron entre bengalas, fuegos artificiales y reflejos sobre el agua, ofreciendo una de las estampas más memorables de las fiestas. La programación continuó con funciones gratuitas de cine en el parque Montalvo, actividades recreativas en distintos espacios públicos y una oferta de entretenimiento que buscaba involucrar a toda la ciudadanía.

 

La Lotería organizó un sorteo extraordinario de 10.000 sucres, mientras que el Teatro Edén proyectó Una mujer de París, de Charles Chaplin, acercando a los guayaquileños a una de las producciones cinematográficas más comentadas de la época.

 

Entre ceremonias patrióticas, competencias deportivas, homenajes, espectáculos fluviales y encuentros culturales, las fiestas de octubre de 1926 retratan a una ciudad orgullosa de su historia y decidida a celebrarla en grande. Un siglo después, muchas tradiciones han cambiado, pero el espíritu festivo que cada año toma las calles de Guayaquil sigue teniendo las mismas raíces.

 

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