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Antes de las salas, el cine tomó teatros, calles y carpas en Guayaquil

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Mucho antes de las salas modernas, el cine en Guayaquil encontró escenarios inesperados, incluso las carpas de circo se convirtieron en espacios de proyección para un público ávido de nuevas formas de entretenimiento.

 

El séptimo arte llegó a la ciudad como una novedad técnica que, en pocas décadas, transformó la manera en que los guayaquileños vivían el ocio y se relacionaban con el espacio público. A inicios del siglo XX, las primeras funciones se realizaron en el Teatro Olmedo, concebido originalmente para la ópera y la zarzuela.

 

Hacia 1910 comenzaron a consolidarse los primeros espacios dedicados exclusivamente al cine. Entre ellos destacó el Cine Edén, ubicado en la avenida 9 de Octubre entre Chile y Chimborazo. A este se sumaron salas como el Crono Parisiana, el Crono Proyector del Pacífico, el Ideal, Ambos Mundos, el Frontón Beti-Jai (en Rocafuerte y Tomás Martínez) y el Colón, además de pequeños locales que no se anunciaban en la prensa.

 

Según la investigación de Jorge Suárez Ramírez titulada ‘Cine Mudo, Ciudad Parlante: Historia del Cine Guayaquileño’, publicada en 2013 y conservada en la Biblioteca Carlos A. Rolando, dentro de la Biblioteca Municipal, la oferta cinematográfica crecía rápidamente. Entre los títulos proyectados constan Quo Vadis (1913), Los últimos días de Pompeya, exhibida en 22 partes, El presidio de los niños, dividida en 11, Judith, película bíblica de 18 partes, así como Los Miserables, En la senda del crimen y Susana quiere bailar tango, estas últimas presentadas en 1914.

 

Para 1919, la experiencia cinematográfica también se vivía de forma itinerante. Viajeros llegaban con proyectores y películas, ofrecían funciones temporales en carpas de circo y luego continuaban su recorrido por otras ciudades.

 

Cinco años después, el cine ya formaba parte esencial de la vida urbana. Para 1924, una red de establecimientos se consolidaba como motor de modernidad, encuentro ciudadano y dinamismo económico en el corazón de Guayaquil. Incluso su promoción evolucionó, además de los diarios, la publicidad de las películas también aparecía en los vagones del tranvía que recorría los principales sectores de la ciudad.

 

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