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Rutas comerciales y tradiciones revelan el legado histórico del cacao

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Mucho antes de convertirse en la bebida que hoy acompaña reuniones y momentos cotidianos, el cacao ecuatoriano recorrió miles de kilómetros, impulsó el comercio entre continentes y dio origen a costumbres que marcaron la vida durante la época virreinal. Esa fascinante historia fue el eje de la charla ‘El chocolate y la primera globalización. Costumbres virreinales’, realizada en el Museo Nacional del Cacao, donde los asistentes descubrieron cómo este producto trascendió fronteras hasta convertirse en uno de los grandes protagonistas del intercambio mundial.

 

A través de mapas históricos, Fernando Mancero, miembro de la Academia Nacional de Historia, capítulo Guayaquil, explicó las rutas marítimas que permitieron la expansión del cacao hacia Europa y otros mercados, revelando el papel estratégico que desempeñó este producto en los primeros procesos de globalización.

 

Como parte del recorrido histórico, el investigador presentó recreó un utensilio de vajilla utilizado a inicios del siglo XVII para servir chocolate y facilitar su consumo mientras las personas caminaban o participaban en reuniones sociales. “Esto es una mancerina, que tenía la particularidad que facilita consumir el chocolate de tal forma de que usted podía deambular por la estancia sin peligro de que se riegue, además de poner aquí (un espacio alrededor de la taza para) panecillos o aperitivos”, recordó. La decoración de esta pieza está inspirada en cerámicas recuperadas durante las excavaciones realizadas en el cerro del Carmen para la construcción de los túneles.

 

La conferencia también permitió conocer documentos históricos que evidencian la relevancia del cacao en distintas sociedades. Algunos relatos describían sus propiedades energéticas, mientras que otros advertían sobre el consumo frecuente de esta bebida. Su importancia económica llegó a ser tan significativa que, en determinados periodos, el cacao fue utilizado como moneda de intercambio.

 

La experiencia culminó con una degustación de auténtico cacao ecuatoriano, permitiendo que los asistentes conectaran el conocimiento histórico con los aromas y sabores que han convertido a este producto en un símbolo de la identidad nacional.

 

“Es una necesidad que conozcamos todos los antecedentes de la historia (…) el cacao es vital para comprender toda la trascendencia que ha tenido en los siglos”, expresó Patricia León al finalizar la actividad. Por su parte, Fernando San Andrés resaltó el valor de estos espacios de difusión cultural. “Me parece genial la idea de agrupar a la gente y enseñar que es realmente el cacao”, dijo.

 

El Museo Nacional del Cacao abre sus puertas de martes a domingo, de 10:00 a 17:00. La entrada es gratuita y sus instalaciones están ubicadas en las calles Panamá e Imbabura, donde visitantes nacionales y extranjeros pueden conocer la historia, el legado y la importancia de uno de los productos que ha llevado el nombre del Ecuador al mundo.

 

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