Cuando la ciudad aún permanece en silencio, ellas ya están en movimiento. A las 05:00, mientras muchos apenas descansan, decenas de madres comerciantes comienzan una rutina que combina labores del hogar, cuidado de sus hijos y extensas jornadas de trabajo en los mercados de Guayaquil.
En los mercados de Cuatro Manzanas y de las Flores, la maternidad y el esfuerzo diario se viven al mismo tiempo. Entre cuadernos, flores y clientes, mujeres como Vilma Bermeo y Lucy Fuentes han construido historias marcadas por la perseverancia, el sacrificio y el amor incondicional hacia sus familias.
Bermeo lleva 19 años trabajando en el Mercado Cuatro Manzanas, ubicado entre las calles Huancavilca y Villavicencio. Allí todos la conocen como “Mami Vilma”. Su local, repleto de útiles escolares por la temporada de clases, es también el reflejo de una vida dedicada al trabajo constante. “Me levanto a las 05:00, nos ocupamos del hogar y luego venimos al puesto”, comentó.
Su jornada empieza mucho antes de abrir el negocio. Desde Urdesa sale entre las 06:00 y 06:30 para llegar a tiempo a su local, donde cada día atiende a decenas de clientes mientras mantiene vivo el esfuerzo que durante años le permitió sacar adelante a sus hijos.
Ser madre soltera hizo que el trabajo y la crianza convivieran en un mismo espacio. “Cuando eran pequeños tenía que cargar con mis hijos donde yo iba”, recordó. Entre ventas, cuentas y atención al público, también encontraba tiempo para cuidarlos, acompañarlos y ayudarlos con sus responsabilidades.
Hubo días difíciles, marcados por largas jornadas y decisiones complejas. Sin embargo, en su memoria prevalece el orgullo por todo lo construido junto a ellos. Hoy, con sus hijos ya adultos, Vilma continúa trabajando incluso durante el Día de la Madre, una fecha que para muchas comerciantes representa más trabajo y movimiento en los mercados. “Le doy un abrazo inmenso a todas esas madres luchadoras”, expresó.
A pocas cuadras de allí, en el Mercado de las Flores, ubicado entre las calles Piedrahíta y Machala, Lucy Fuentes repite una rutina que prácticamente no conoce pausas. Tiene 40 años y lleva 25 dedicada a la venta de flores. “Empecé pequeña como vendedora”, mencionó mientras organiza arreglos y recibe nueva mercadería.
Su día también comienza a las 05:00. Antes de las siete deja a su hijo menor en la escuela y luego se traslada a su local. Después de varias horas de trabajo regresa a casa por un momento para almorzar y atender a su pequeño, pero al poco tiempo vuelve nuevamente al mercado, donde permanece hasta la noche preparando los pedidos y organizando las flores que llegan para la siguiente jornada. “Así la rutina se repite todos los días sin descanso”, resumió.
Durante años, sacar adelante a su familia siendo madre y cabeza de hogar significó multiplicar esfuerzos y enfrentar jornadas agotadoras. Ahora, sus hijos mayores trabajan junto a ella, lo que ha permitido compartir responsabilidades y fortalecer el negocio familiar. “Antes era complicado”, reconoció.
Aunque el Día de la Madre suele ser una fecha de celebración y descanso para muchas familias, para Lucy representa una de las jornadas más intensas del año. Primero trabaja y luego celebra junto a sus seres queridos. “Muchos dirían sacrificio, pero es el don que se nos dio”, afirmó.
Las historias de Vilma y Lucy reflejan la realidad de cientos de madres comerciantes que, desde temprano y sin detenerse, sostienen sus hogares con trabajo, dedicación y esfuerzo. Mujeres que han convertido los mercados en una extensión de su vida familiar y que encuentran en cada jornada una razón más para seguir adelante.












