En cada escenario, aula o espacio comunitario, hay madres que convierten el arte en una herramienta de transformación social. Más allá de transmitir talento, su trabajo impacta directamente en la formación de nuevas generaciones y en la construcción de entornos más sensibles, inclusivos y culturalmente activos.
Ese compromiso se refleja en historias como la de Liz Campos, intérprete de viola en la Orquesta Filarmónica Municipal, quien ha logrado equilibrar su carrera artística con la maternidad y la enseñanza. La música, presente en su vida desde los 9 años, hoy también forma parte del crecimiento de su hijo, de 12 años, quien toca piano y viola y es integrante de una orquesta infantil.
“Es algo bonito que podemos enseñarle, dentro de todo tiene una herramienta más en su vida para usarla en algún momento. Las madres estamos prestas para ayudar a nuestros hijos, guiarlos en lo que a ellos les gusta”, afirmó Campos.
De forma similar, Cindy Camchong, violinista de la Orquesta Filarmónica Municipal, ha extendido su vocación más allá del escenario. Además de ser profesora, impulsa la Fundación Música sin Fronteras, desde donde promueve el acceso al arte en sectores vulnerables. “Para mí el haber escogido esta profesión ha sido muy beneficioso para mi familia porque mis hijas han crecido en un ambiente musical y viven el arte desde adentro y detrás del escenario”, expresó.
Su labor comunitaria la lleva a impartir clases gratuitas a niños de escasos recursos en Chongón, Puerto Hondo y Vía a la Costa, donde el impacto va más allá del aprendizaje musical. “Cuando escucho el testimonio de sus mamás, de que están rindiendo en la escuela, que su autoestima es más elevada. Es reconfortante por ello es importante que la música este presente en la vida de los niños”, dijo Camchong.
A través de la danza, Norma Briones también ha dejado huella en su comunidad. Maestra en el Centro de Arte Comunitario ZUMAR, ubicado en Plaza Casuarina, inició su carrera profesional a los 18 años y ha sabido integrar su desarrollo artístico con la maternidad, incluso durante su embarazo, etapa en la que continuó enseñando.
Su trayectoria, marcada por la constancia y el respaldo de su esposo, Xavier Risco, ha permitido formar a nuevas generaciones en el arte. “Nosotras como madres definitivamente lo podemos hacer todo, a veces creemos que no. El arte me ha enseñado a encontrarme nuevamente, a continuar y que podemos seguir con nuestro rol de madre y de profesionales”, mencionó.
Historias como estas evidencian el papel de las madres como agentes de cambio, capaces de generar un legado cultural que trasciende el ámbito familiar y fortalece el tejido social de la ciudad.













