Darse la mano es un gesto cotidiano. Pero cuando quienes se encuentran son Simón Bolívar y José de San Martín, ese saludo adquiere una dimensión continental.
La única reunión entre ambos libertadores ocurrió en Guayaquil el 26 de julio de 1822. ¿Por qué en esta ciudad? Porque dos años antes, el 9 de octubre de 1820, Guayaquil había alcanzado su independencia por decisión propia. Cuando recibió a Bolívar y San Martín, ya había definido su destino.
La conversación se desarrolló a puerta cerrada y no dejó un acta oficial. Sin embargo, las decisiones posteriores de sus protagonistas permiten relacionarla con la culminación del proceso independentista del Perú, la organización política de los nuevos Estados y la definición de posibles límites territoriales.
El encuentro quedó inmortalizado en el Hemiciclo de La Rotonda, monumento concluido en 1938. Allí, Bolívar y San Martín aparecen frente a frente, estrechándose la mano en una imagen que se convirtió en uno de los símbolos más reconocidos de Guayaquil y en una parada habitual para turistas nacionales y extranjeros.
En la intersección de las calles 9 de Octubre y Panamá, donde estuvo ubicada la casa de Manuel Antonio de Luzárraga, se conservan tres placas conmemorativas. Una de ellas fue fundida en Buenos Aires y entregada en 1945 por la Confederación Argentina de Basket Ball, con motivo del Campeonato Sudamericano celebrado ese año.
La trascendencia de aquella reunión también quedó registrada en estampillas y en una medalla conmemorativa emitida por sus 150 años.
La próxima vez que recorras el Malecón 2000 y te detengas frente a La Rotonda, recuerda que este monumento conserva la representación del único encuentro entre Bolívar y San Martín. Una fotografía en este lugar puede convertirse en el recuerdo de tu paso por Guayaquil, como ocurre frente a la Torre Eiffel en París o la Estatua de la Libertad en Nueva York.












