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Hace un siglo, una feria proyectó a Guayaquil como la gran vitrina comercial del Ecuador

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A inicios del siglo XX, Guayaquil consolidaba su posición como el principal puerto y centro económico del país. En medio de una etapa de crecimiento comercial y apertura a nuevos mercados, surgió una iniciativa que marcaría la agenda empresarial y cultural de la ciudad durante varias décadas: la Feria Internacional de Muestras, un encuentro que reunió innovación, emprendimiento, tecnología y entretenimiento, convirtiendo a Guayaquil en una vitrina para el Ecuador y el mundo.

 

La primera edición abrió sus puertas en octubre de 1925, impulsada por el sector privado y respaldada por el Municipio de Guayaquil, que la incorporó a la programación oficial de las fiestas octubrinas. El evento nació con el propósito de exhibir los avances de la industria, la agricultura y el comercio, además de promover el intercambio de conocimientos y oportunidades de negocio entre productores nacionales y empresas extranjeras.

 

Entre sus principales gestores estuvo Ernesto Espinoza del Campo. Una carta dirigida al Concejo Cantonal el 21 de octubre de 1926, conservada en el Archivo Histórico Camilo Destruge, identifica a Giaccardi, Espinoza & Cía. como la empresa responsable de su organización, evidencia del esfuerzo empresarial que dio origen a una de las exposiciones más importantes de la época.

 

El impacto alcanzado por la feria fue tal que, en 1926, fue declarada de utilidad pública, lo que permitió la exoneración de derechos aduaneros para las muestras provenientes del extranjero. Paralelamente, el Municipio fortaleció la iniciativa al incluirla oficialmente dentro de las celebraciones de Independencia y otorgar reconocimientos a los participantes, incentivando la presencia de expositores y ampliando el alcance de la muestra.

 

La feria comenzó en el American Park y posteriormente se trasladó a la Escuela Municipal Modelo, ubicada en las calles Eloy Alfaro y Francisco de Marcos. Cada edición incorporaba novedades que despertaban la curiosidad del público. En 1927, por ejemplo, se exhibieron un tractor Caterpillar, modernas pianolas y caballos traídos desde Chile, demostrando el interés por presentar innovaciones y productos que difícilmente podían observarse en otros espacios de la ciudad.

 

Más allá de su carácter comercial, la Feria Internacional de Muestras se convirtió en un acontecimiento social y cultural. Exposiciones artísticas, concursos, elección de reinas, espectáculos pirotécnicos, bailes costeños, orquestas provenientes de distintas provincias, competencias escolares de natación y actividades nocturnas transformaban el recinto en un punto de encuentro para miles de visitantes. En 1930, el acceso al evento tenía un costo de 70 centavos de sucre.

 

Su influencia trascendió las fronteras de Guayaquil. La relevancia alcanzada por la exposición quedó registrada en la prensa nacional. Diario El Universo, en su edición del 2 de mayo de 1931, informó sobre la realización de la octava feria en Quito y el desarrollo de la novena edición en Guayaquil, evidencia de una iniciativa que ya se proyectaba a escala nacional.

 

La expansión continuó durante los años siguientes. En 1934, los registros periodísticos señalan que la organización estaba a cargo de la Oficina Comercial de Representaciones y Exposiciones (OCRE), y ese mismo año la feria llegó a Cuenca. Las propuestas evolucionaban constantemente para sorprender al público. En 1935, por ejemplo, se instaló un llamativo “Pabellón Incaico” y se contó con la participación de un grupo de marimba procedente de El Salvador, incorporando elementos culturales internacionales.

 

Las transformaciones económicas y tecnológicas de la época también quedaron reflejadas en la oferta de los expositores. Publicaciones de 1949 promocionaban refrigeradoras, máquinas de escribir, mimeógrafos y otros electrodomésticos que representaban la modernidad de aquellos años. Junto a ellos se exhibían productos agrícolas emblemáticos, como café y arroz provenientes de distintas provincias, fortaleciendo el intercambio entre productores y consumidores.

 

Los registros históricos indican que la feria continuó realizándose hasta mediados de la década de 1950, dejando una huella significativa en la memoria económica y social del país. Durante años fue una puerta abierta a la innovación, el comercio y el intercambio cultural, contribuyendo a posicionar a Guayaquil como una ciudad dinámica, moderna y conectada con las tendencias de su tiempo.

 

Casi un siglo después, ese espíritu permanece vigente. El Municipio de Guayaquil continúa promoviendo ferias comerciales y de emprendedores en espacios públicos como Samanes, el Parque Forestal y Guayarte, donde cientos de ciudadanos encuentran oportunidades para exhibir sus productos, fortalecer sus negocios y dinamizar la economía local. Tal como ocurrió en 1925, estos espacios siguen demostrando que el emprendimiento y la innovación son motores fundamentales para el desarrollo de la ciudad.

 

 

 

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