En el mes en que se conmemora a las madres, también se reconocen historias de mujeres que, además de cuidar a sus familias, impactan positivamente en su comunidad a través de su trabajo. Desde la Dirección de Inclusión Social (DIS) del Municipio de Guayaquil, varias profesionales demuestran que la maternidad y la vocación pueden converger para generar cambios reales en la vida de otros.
Una de ellas es Silvana Jaramillo, coordinadora del Área Territorial Inclusiva (ATI) Guasmo, quien ha logrado equilibrar su labor como terapeuta de lenguaje con su rol de madre. Con el respaldo de su familia, alcanzó una maestría mientras enfrentaba desafíos personales que marcaron su camino.
Desde joven, tuvo contacto con personas que padecían enfermedades catastróficas, lo que le brindó una preparación emocional y profesional que no solo influyó en su formación, sino también en la manera en que afrontó el diagnóstico de su hijo con síndrome de Down.
“Entiendo a las madres que llegan aquí. Puedo tener una empatía con ellas porque estoy en sus zapatos. Muchas mamitas me han dicho, usted es terapeuta de lenguaje y cómo hace con su niño pues cuando llego a mi casa soy madre, no soy la terapeuta de mi hijo”, expresó Jaramillo.
A partir de su experiencia, Silvana motiva a otras madres a no frustrarse ni intentar eliminar las diferencias, sino a reconocer el valor y la alegría que sus hijos aportan a sus vidas.
A esta historia se suma la de Angela León, terapeuta física con 23 años de trayectoria y especialista en estimulación temprana desde hace dos décadas. Actualmente, forma parte del equipo del Centro Municipal de Desarrollo y Habilidades “Valientes” y es madre de tres hijos de 9,11 y 18 años. Su ejercicio profesional ha estado marcado por momentos complejos, como la pérdida de pacientes con quienes desarrolló fuertes vínculos debido a sus condiciones médicas. Lejos de debilitarla, estas experiencias han reforzado su compromiso de acompañar a las familias en situaciones difíciles.
“Como madre me hace ser sensible con aquellas, que vienen con tantas dificultades y buscan la ayuda no solo de un psicólogo sino de alguien que las escuche”, afirmó.
Angela resalta además el rol fundamental de los padres en los procesos terapéuticos, al considerarlos coterapeutas activos en el desarrollo de sus hijos, lo que incide directamente en la efectividad de los tratamientos.
Estas historias reflejan cómo la maternidad, lejos de ser un límite, potencia la vocación de servicio de estas profesionales, quienes cada día dejan una huella significativa en las familias guayaquileñas.










