Para inscribir la venta de una isla, la hipoteca de una hacienda o un compromiso de pago, en 1826 todo debía registrarse a mano. Textos de impecable caligrafía, conservados en un archivo bicentenario, permiten conocer, doscientos años después, transacciones realizadas en Guayaquil, Daule, Babahoyo, Machala, Manta y otras localidades.
Entre los registros constan la venta de una huerta en 1826 por 4.100 pesos, una cifra que equivaldría a más de USD 200.000 en la actualidad. Algunas hipotecas resultan particularmente llamativas: la de una mujer esclavizada por 100 pesos ese mismo año; la de la isla Santay, en 1831; la de un buque, en 1836; la de la mitad de una casa, en 1839; la de 80 yeguas, en 1844; y la de una canoa, en 1850, por 250 pesos.
También aparecen transacciones poco comunes para la época actual, como una carta dotal por 35.485 pesos, registrada en 1846. Esa cantidad equivaldría hoy a cerca de USD 1,8 millones, calculados según su valor equivalente en plata.
Estos documentos, que narran parte de la historia económica y patrimonial de la ciudad, se conservan en el Registro de la Propiedad de Guayaquil, institución que en octubre cumplirá 200 años de servicio. Durante ese tiempo pasó de los libros manuscritos a los sistemas digitales, sin perder su función esencial: brindar seguridad jurídica a las transacciones.
El registrador encargado, Ricardo Alvear Zenck, destacó que la esencia de la institución permanece intacta. “El sistema de registro ha cambiado mucho. Primero fue la transcripción con pluma; luego pasamos a la máquina de escribir y hoy los procesos están mucho más tecnificados. Ya podemos emitir certificaciones, cuando los bienes se encuentran actualizados, de forma automática y en cuestión de minutos”, comentó.
La protección de estos documentos históricos y de los trámites inmobiliarios actuales también ha impulsado el fortalecimiento de la seguridad física y tecnológica de la institución. Roberto Saltos Román, gerente general de la empresa pública municipal, explicó: “Tenemos todo un protocolo: climatización, control de ingreso y acceso a las instalaciones, un nuevo data center. Hemos invertido, gracias a la autonomía financiera del Registro, en nuevas medidas de seguridad para proteger la información”.
Así, el pasado y el presente de las transacciones de Guayaquil permanecen resguardados, preservando la memoria jurídica de la ciudad y garantizando la seguridad documental para las actuales y futuras generaciones.








