Donde antes predominaba el concreto, hoy se levanta un homenaje a la identidad local. Bajo el paso elevado que conecta las avenidas de Las Américas y Narcisa de Jesús, cuatro figuras emblemáticas de la cultura guayaquileña ahora forman parte del paisaje urbano. Los murales retratan a Héctor Napolitano, Irma Arauz, Patricia González y Hugo Idrovo, artistas que han dejado una huella profunda en la memoria colectiva de la ciudad.
La obra es autoría de William Molina, artista plástico guayaquileño, quien aplicó la técnica del posterizado con acrílico. La propuesta se aleja del realismo y apuesta por la expresividad a través de manchas y contrastes cromáticos. “Creo que los colores que están ahí representan a cada artista. Es cómo yo los identifico”, explicó.
Cada retrato traduce carácter y trayectoria en color. En el caso de Irma Arauz, el homenaje tiene además un componente personal. “Es la reina del pasillo. Yo he escuchado sus canciones porque mi mamá siempre la ha escuchado. Entonces, para mí es un honor, y que mi mamá se sienta orgullosa de decir: mi hijo la pintó”.
La intervención se enmarca en el plan de mejora del ornato de la infraestructura vial que ejecuta la Coordinación de Renovación Urbana de la Dirección de Obras Públicas del Municipio de Guayaquil. A la fecha, se han adecentado 26 pasos elevados y 29 pasos peatonales, incorporando color y contenido cultural a espacios de alto tránsito.
El respaldo institucional fue clave para concretar el proyecto. “Estoy muy orgulloso de que el Municipio nos haya podido ayudar en esto, dándonos el espacio, ayudándonos con la logística y todo, porque nosotros siempre debemos tener identidad, y ellos representan a Guayaquil. Uno tiene que darle su lugar a las personas que han hecho algo por Guayaquil, y ellos son grandes artistas, que a nosotros nos han enseñado cómo es ser guayaquileño”.
El impacto ya se refleja en la dinámica diaria del sector. Conductores disminuyen la velocidad y peatones se detienen para observar los retratos. “Hay bastantes personas que pasan por aquí y nos felicitan. Se dan la vuelta y se regresan a felicitarnos”, agregó el artista.
De esta manera, el arte transforma un punto de tránsito en un espacio de memoria, reconocimiento y orgullo guayaquileño, integrando cultura y ciudad en un mismo trazo.
































































































