El arte ancestral reinterpretado en barro y la fotografía como herramienta para preservar historias marcaron la agenda cultural de este sábado 12 de septiembre en el Museo Nacional del Cacao. Los visitantes participaron en dos actividades que promovieron el acercamiento a la identidad, el patrimonio y la memoria desde distintas expresiones artísticas.
Desde las 11:00, se desarrolló el conversatorio “De la pintura al barro: un diálogo con los ancestralistas”, junto con el Colectivo Artebarro Meraki, integrado por Blanca Allauca, Fabiola Barrera, Grace Chacón, Alemania Guarderas, Josefina Sempertegui, Narcisa López, Mariela Moncayo, Jaqueline Vélez y Ana Vinueza. La propuesta partió del trabajo de pintores ancestralistas para reinterpretar sus obras y trasladarlas a piezas tridimensionales elaboradas en barro.
“Me parece importantísimo llevar estos temas porque nos falta conocer nuestro valor, que viene desde nuestros ancestros. A veces minimizamos lo que fuimos y queremos ser lo que no somos”, señaló Josefina Sempertegui, quien lleva más de 50 años vinculada a diferentes expresiones artísticas.
La programación continuó a las 14:00 con el taller “El objeto y su memoria: narrativas visuales cortas”, dirigido por Esmeralda Muñoz, artista visual, magíster en Fotografía y docente del ITAE. La actividad planteó el uso de la imagen como recurso para construir relatos breves a partir de objetos y conservar recuerdos individuales y colectivos.
La experiencia permitió explorar la relación entre fotografía y memoria visual, a partir de la trayectoria de Muñoz en rescate patrimonial, restauración fotográfica e investigación.
Entre los asistentes estuvo Edson Larrea, quien llegó al museo como parte de un recorrido por el centro de la ciudad y la calle Panamá. “Guayaquil es una metrópoli cosmopolita con paisajes y justamente estos espacios ayudan como una fotografía especializada o un arte barroco, sirve para la retroalimentación sobre los atractivos naturales y culturales que ofrece la ciudad”, expresó.
Las dos actividades ampliaron la experiencia de quienes visitaron el Museo Nacional del Cacao y consolidaron este espacio como un punto de encuentro para la difusión del arte, la memoria y el patrimonio. Estas propuestas complementan el recorrido del museo, que permite conocer la importancia histórica, económica, social y cultural del cacao para Guayaquil.










