Una fotografía puede detener el tiempo. Puede inmortalizar una emoción, revelar una realidad y convertirse en el testimonio de una historia que merece ser recordada. Bajo esta premisa, la Dirección General de Patrimonio Cultural, a través de la Jefatura de Desarrollo de Productos Culturales, conmemoró el Día Mundial de la Fotografía, que se celebra cada 19 de agosto, con el conversatorio “La Vida en una Imagen” – IV Edición, un espacio que reunió a profesionales y amantes de este arte para reflexionar sobre su impacto en la construcción de la memoria colectiva.
El encuentro puso en valor a la fotografía como una poderosa herramienta de comunicación, capaz de acercar a la ciudadanía a diferentes realidades y de conservar momentos que forman parte del patrimonio cultural y social de una comunidad. La jornada contó con la participación de Santiago Arcos, fotógrafo con 16 años de trayectoria profesional, cuyo trabajo demuestra cómo una imagen puede trascender fronteras y convertirse en una voz para quienes atraviesan situaciones dolorosas. Ganador del primer lugar para América del Sur en la categoría de fotografías individuales (Singles) del prestigioso World Press Photo 2026, compartió la experiencia detrás de su obra “Funeral para ‘Los cuatro de Malvinas’”.
Durante su intervención, recordó la cobertura del funeral masivo de Josué e Ismael Arroyo, Steven Medina y Nehemías Arboleda, desaparecidos y asesinados en diciembre de 2024. Su testimonio evidenció el papel del fotoperiodismo para visibilizar el sufrimiento humano y abrir espacios de reflexión frente a acontecimientos que marcan a una sociedad. “Yo quería que de alguna manera se pueda mover un poco la discusión más allá de la política, más hacia la realidad, era una catástrofe, era el dolor de tantas familias que estaban perdiendo a los suyos”, expresó Arcos.
Como complemento a este encuentro, los asistentes recorrieron una exposición de equipos fotográficos históricos pertenecientes a la colección de Martín Herrera, fotógrafo con más de tres décadas de experiencia. La muestra permitió viajar a los orígenes de la fotografía analógica mediante cámaras Wiste serie M100 de 1972, una Polaroid instantánea J66, una Nikon y diversos implementos utilizados en los procesos de revelado y edición de negativos.
Con nostalgia, Herrera evocó la magia de aquellos tiempos en los que cada fotografía era el resultado de un proceso artesanal que despertaba expectativa y asombro. “Ahorita ya se escoge Photoshop y te salen unas fotos increíbles que tú te quedas sorprendido. anteriormente era un proceso, revelar, llevar el negativo en un aparato que se llama retocador con lápiz retocabas el negativo y ya lo copiabas y tú te estabas sorprendido cuando veías la imagen de esa época”.
A través de iniciativas como “La Vida en una Imagen”, la Alcaldía de Guayaquil promueve espacios que invitan a mirar más allá de una fotografía para descubrir las historias, emociones y memorias que habitan en cada imagen. Porque fotografiar es mucho más que capturar un instante: es conservar la esencia de una época y dejar una huella para las futuras generaciones.










