Todo equipo campeón empieza desde abajo: entrenamientos constantes, derrotas, ajustes y mucho trabajo hasta alcanzar la victoria. Bajo esa lógica, las historias de las emprendedoras guayaquileñas Kimberly Banchón, Gabriela Benites y Lissette Alarcón reflejan un mismo recorrido: convertir una idea en negocios en crecimiento con el apoyo de la empresa municipal ÉPICO EP.
De una idea casera a un producto en el mercado
Hace cuatro años, Kimberly Banchón inició junto a su familia la elaboración de *Vinos Atardecer*, una bebida artesanal a base de flor de Jamaica. La idea nació cuando su madre comenzó a cultivar esta planta y buscó alternativas para aprovechar la cosecha.
"Al principio nos salía dulce, pero igual le dábamos a los amigos y familiares. A la gente le gustaba y nos empezaron a decir que por qué no vendíamos", recordó Kimberly. Lo que empezó como una prueba casera se convirtió en un proyecto familiar que tomó casi dos años de experimentación hasta lograr la fórmula ideal.
Como en los equipos que luchan por un cupo a un Mundial, la constancia fue determinante. Con el respaldo de ÉPICO, el emprendimiento logró mejorar la presentación de sus productos, participar en ferias y posicionarse actualmente en siete puntos de venta en la ciudad.
"Nunca pensamos llegar a este punto de darnos a conocer. Fue un proceso largo y hubo momentos de desánimo, pero decidimos seguir adelante", afirmó la emprendedora.
Amistad, ingenio y un emprendimiento en crecimiento
Otra historia de perseverancia es la de Gabriela Benites y Lissette Alarcón, socias de Gali, un emprendimiento dedicado a la producción de tortillas de verde y maduro con queso y chicharrón, además de panes de yuca elaborados sin conservantes. El proyecto nació hace dos años.
"Le día probar una tortilla de verde a Gaby (Gabriela Benites), me dijo que estábamos perdiendo dinero y que debíamos emprender”, contó Lissette sobre la conversación que dio origen a la iniciativa. Desde entonces, lo que comenzó entre amigas avanza hacia la obtención de registros sanitarios y la apertura de nuevos mercados.
Gabriela recordó incluso sus primeros intentos de venta en la infancia: “Cuando éramos niñas juntábamos de nuestras casas papitas, salsa de tomate y hacíamos salchipapas y vendíamos, todo era como un juego no lo veíamos como negocio, ahora lo vemos como anécdota y ahora es un sueño hecho realidad”, comentó.
Las emprendedoras coinciden en que ÉPICO se convirtió en un aliado clave para su desarrollo. La institución les brindó capacitaciones, fortalecimiento de marca, rediseño de imagen corporativa y participación en ferias que les permitió ganar visibilidad y ampliar su cartera de clientes.
"ÉPICO fue esa ventana que nos ayudó a impulsar el emprendimiento y estamos ahí hasta ganar la Copa del Mundo", dice Lissette entre risas. Su meta ahora es ampliar su presencia en el mercado e incluso proyectarse hacia la exportación.
Como en el fútbol, no existen victorias sin esfuerzo. Kimberly, Gabriela y Lissette coinciden en que emprender exige disciplina, paciencia y perseverancia. Hoy continúan jugando su partido más importante: demostrar que los sueños, cuando se trabajan todos los días, también pueden terminar en una gran celebración.









