La danza es más que el simple acto de mover el cuerpo, combina técnica, expresión y propósito, enriqueciendo la vida de quienes la practican y la disfrutan como una forma de arte. Cada 29 de abril se celebra el Día Internacional de la Danza, una fecha que reconoce a esta disciplina como un medio para transmitir emociones, historia y cultura a través del movimiento.
La Coordinación General de Proyectos ZUMAR lidera un programa que promueve la participación y formación en danza en los Centros de Arte Comunitario ubicados en Bastión Popular y Plaza Casuarina, así como en sus espacios itinerantes en los parques Puerto Liza y Ferroviaria. Entre 2025 y 2026, 1.835 personas se beneficiaron de clases gratuitas de danza contemporánea y afrodescendiente.
Estos cursos representan un ahorro aproximado de USD 220 mensuales por alumno y benefician a habitantes de sectores como La Entrada de la 8, Bastión Popular, Balerio Estacio, Mucho Lote, Las Orquídeas, Monte Sinaí, Pascuales, Sergio Toral, Samanes y Sauces, entre otros del centro y noroeste de Guayaquil.
Fernando Arroyo, profesor de danza afro en ZUMAR, destacó que transmitir la danza ancestral va más allá de enseñar pasos, ya que permite generar una conexión con la memoria cultural. “Es entregar una herencia. La danza afro les devuelve a los niños y jóvenes el control sobre su cuerpo, en una etapa marcada por el juicio y la presión. Aquí su energía encuentra un cauce”, afirmó.
Además, agregó que, en los adultos, esta práctica también aporta a procesos de sanación, ya que muchos llegan con sentimientos de vergüenza o rigidez y se van más ligeros, en contacto con una comunidad que se transforma en familia.
Por su parte, Samantha Díaz, docente de danza en ZUMAR Bastión Popular, señaló que “la danza se convierte en una herramienta para reconstruir el tejido social, ya que fomenta la participación colectiva, fortalece la identidad cultural y crea espacios de encuentro donde las personas pueden expresar emociones, sanar experiencias y generar vínculos de confianza y cooperación”.
De este modo, el arte se consolida como una poderosa herramienta de transformación social y cultural, capaz de impulsar el bienestar de la comunidad.









