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Día de los Difuntos: un siglo de recuerdos, flores y tradiciones

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¿Cómo honraban los guayaquileños a sus muertos hace un siglo? Las páginas de los antiguos periódicos revelan una ciudad que, entre el silencio, las flores y las peregrinaciones, mantenía vivo el recuerdo de quienes habían partido.

 

Aunque la prensa dedicaba menos espacio a esta tradición que en la actualidad y privilegiaba la cobertura de los funerales de personalidades destacadas, las crónicas permiten reconstruir una expresión colectiva de afecto que ha resistido el paso del tiempo.

 

El 2 de noviembre de 1926, el diario El Ecuatoriano reseñó una peregrinación de periodistas a la tumba de Juan Montalvo. Al día siguiente, sus páginas retrataron una ciudad volcada hacia sus difuntos: “Guayaquil se conmovió ayer y suspendió sus actividades (…) para ir en peregrinación suntuosa, en silencio y amor, hacia la necrópolis, a dejar sobre las tumbas de sus muertos flores, muchas flores llenas de aromas y salpicadas de lágrimas”. También destacó que “enorme fue la concurrencia que ayer vimos desfilar por avenidas y calles, portando coronas de todo matiz y tamaño, en prueba de respeto y veneración a los muertos en su día”.

 

Aquellas manifestaciones ocurrían en una ciudad muy distinta a la actual. Un plano de 1928 muestra un Cementerio General cinco o seis veces más pequeño que el de hoy. También identifica tres canteras municipales: una ubicada entre las actuales puertas 2 y el Cementerio de Protestantes, y otras dos que se extendían desde el sector de la puerta 7 hasta el extremo occidental del cerro.

 

Con el crecimiento urbano, los espacios cambiaron, pero la tradición permaneció. El 2 de noviembre de 1947, El Universo dedicó su portada a una romería por el tercer aniversario del fallecimiento de su fundador, Ismael Pérez Pazmiño. La crónica también describió el movimiento comercial que se generaba alrededor del camposanto: “La calle llena de caramancheles de flores para el Día de los Difuntos”.

 

La dimensión religiosa de esta conmemoración se hizo más visible décadas después. En noviembre de 1973, la revista católica Levántate publicó fotografías de las ceremonias por el Día de los Difuntos, en las que participaron miles de fieles.

 

Casi un siglo después de aquellas crónicas de 1926, el Cementerio General ha crecido. Sin embargo, las flores, las visitas y las ceremonias conservan un mismo significado: preservar la memoria frente al paso del tiempo.

 

Las antiguas páginas periodísticas permiten reconocer que, detrás de cada generación, permanece una misma historia: la de una ciudad que cambia, pero que cada 2 de noviembre vuelve al encuentro simbólico con quienes ya no están. Todas las referencias documentales que respaldan esta reseña reposan en la Biblioteca Municipal de Guayaquil.

 

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