Profesor de educación física, futbolista, profesora de inglés, bombero, doctora, policía, cocinera o niñera. Las respuestas surgen una tras otra cuando a un grupo de niños de la cooperativa Promesa de Dios, en el noroeste de Guayaquil, se le pregunta qué quiere ser cuando sea grande.
En comunidades donde niños y jóvenes están expuestos a situaciones de violencia, sostener esos sueños requiere oportunidades cercanas y espacios donde puedan aprender, jugar y desarrollar su creatividad. Por ello, distintas dependencias municipales impulsan acciones educativas, artísticas, culturales y deportivas en sectores vulnerables, entre ellos varias cooperativas del noroeste de la ciudad.
Formación temprana para construir proyectos de vida
En Promesa de Dios, la conversación sobre el futuro surgió al finalizar uno de los talleres que se realizan cada quince días en el patio de una iglesia. La actividad forma parte de Tejiendo Arte, Derecho y Cultura, un proyecto de la Gerencia de Reconstrucción del Tejido Social de Segura EP que, en coordinación con los Comités de Convivencia Ciudadana, promueve los derechos humanos y la prevención de la violencia mediante actividades formativas y espacios de participación comunitaria.
A estos talleres asisten niños y adolescentes de comunidades de Monte Sinaí y su zona de influencia, entre ellas Realidad de Dios, Ciudad de Dios, Voluntad de Dios, Las Marías y Nueva Esperanza. “Le emociona mucho porque se distrae, aprende cosas nuevas y se aleja un poco de estar en la casa aburrido”, contó Matilde Bueno, madre de Ángel León, quien, a sus siete años, ya tiene claro qué quiere ser cuando sea grande: “Policía, para ayudar a la ciudad”.
En el Polifuncional de Sergio Toral, DASE EP mantiene un Centro de Tareas y Nivelación con el objetivo de que los estudiantes de las unidades educativas de la zona refuercen sus conocimientos y participen en actividades lúdicas. La alegría con la que desarrollan sus actividades escolares es evidente. También llama la atención el entusiasmo colectivo por las matemáticas. Cuando se les pregunta si les gusta esta materia, responden al unísono que sí. Brianna, de nueve años y habitante de la cooperativa Valle Hermoso, lo confirmó: “Se me hace fácil dividir, multiplicar, sumar y restar”.
Marjorie Jaramillo, licenciada en Educación, explica que este acompañamiento también fortalece las aspiraciones de los menores. “El trabajo que realizamos aquí es hacerles sentir que, a pesar de cualquier circunstancia, pueden tener sueños y que esos sueños sí se cumplen”, afirmó.
ZUMAR complementa esta oferta a través de sus centros de arte ubicados en Bastión Popular y Plaza Casuarina, a los que asisten niños y jóvenes de Flor de Bastión, Fortín, Monte Sinaí, Nueva Prosperina, Reinaldo Quiñónez, Sergio Toral, Nuevo Guayaquil y Balerio Estacio. En estos espacios encuentran formación artística, fútbol y otras actividades orientadas al desarrollo de sus capacidades.
El fútbol como espacio de formación y convivencia
Más de 1.000 niños se forman en las Escuelas Sociodeportivas JBG de Flor de Bastión, Monte Sinaí, Reinaldo Quiñónez y Sergio Toral, impulsadas por la Dirección de Deportes y la Junta de Beneficencia de Guayaquil. A través del fútbol, los participantes fortalecen valores como la disciplina, el trabajo en equipo y la convivencia.
Entre las familias que han incorporado el deporte a su rutina se encuentra la de Mayra Cerezo, quien lleva a su hijo a la Escuela Sociodeportiva de Sergio Toral. “Porque está cerca de la casa y no se paga. En la mayoría de las escuelas se paga y aquí es gratis. Solo hay que traerlos todos los días, de lunes a viernes, y llevarlos cuando los convocan”, relató.
La constancia del niño refleja cuánto disfruta cada entrenamiento. “A mi hijo lo distrae, le ayuda a liberar toda esa energía. Mi hijo tiene mucha energía. Yo nunca lo escucho decir que está cansado”, agregó su madre.
A esta oferta se suma la cancha de césped sintético construida en 2025 por la Dirección de Obras Públicas en la cooperativa Reinaldo Quiñónez. Actualmente, más de 200 niños forman parte de la escuela de fútbol del sector y se preparan para competir por primera vez en torneos de mayor alcance, con la aspiración de descubrir nuevos talentos y encaminarlos hacia el fútbol profesional.
La gratuidad y cercanía de estos programas reducen las barreras de acceso a espacios de formación y acompañamiento para niños y jóvenes de Nueva Prosperina. Para sus familias, representan alternativas permanentes que fortalecen la educación, el desarrollo personal y la convivencia comunitaria.













