Mientras el mundo sigue de cerca cada jugada y cada gol del Mundial 2026, en Guayaquil se disputan diariamente otros partidos que también merecen ser celebrados. Son historias de niñas, niños, jóvenes y adultos con discapacidad que, junto a sus familias y con acompañamiento especializado, avanzan hacia metas que transforman sus vidas.
A través de los programas y servicios de la Dirección de Inclusión Social (DIS), la Alcaldía de Guayaquil impulsa acciones que derriban barreras y fortalecen capacidades, beneficiando a 87.954 personas en las Áreas Territoriales Inclusivas (ATI). Aprender nuevas habilidades, fortalecer la comunicación, desenvolverse con mayor autonomía o integrarse a espacios educativos representan triunfos que impactan no solo a quienes reciben atención, sino también a sus familias.
Stefany Salazar compartió la evolución de su hijo de 7 años, quien padece Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Su desempeño escolar enfrentaba dificultades porque no realizaba las tareas asignadas en clases; sin embargo, las terapias y actividades artísticas han contribuido a regular sus emociones y fortalecer su proceso educativo.
“Antes de conocer el ATI, la profesora me llamaba todos los días incluso llegué a enfermarme por estrés. Este año no he tenido ninguna dificultad y veo el empeño que está poniendo en sus estudios. Él me dice: Mami, ¡yo quiero ser alguien para ayudarte! y eso me llena de alegría porque veo como se supera”, expresó con visible emoción.
Historias similares se viven en distintos sectores de la ciudad. Odalis Murillo contó la experiencia de su hijo de 7 años con Síndrome de Gilles de la Tourette, un trastorno caracterizado por movimientos repetitivos o sonidos involuntarios (tics) difíciles de controlar. Ella destacó la atención que recibe en el Área Territorial Inclusiva (ATI) Samanes. “Gracias a Dios me dieron la oportunidad para que mi hijo ingrese aquí y lo puedan tratar. Yo he aprendido en el modo de tratarlo, de explicarle las cosas. Me siento contenta porque no todos tenemos el privilegio de estar aquí”, dijo.
Como ocurre en el fútbol, los campeones se construyen con entrenamiento, perseverancia y trabajo en equipo. Detrás de cada avance existe un esfuerzo compartido entre profesionales, cuidadores y familias. Mariuxi Bozada relató la experiencia de su hijo de 7 años, quien padece Trastorno del Espectro Autista (TEA). “Este partido nos toca jugarlo día a día, aprendiendo de nuestros niños y dando lo mejor de nosotros. Desde hace dos años que estamos aquí mi hijo ha mejorado. Aquí nos dan talleres para nosotros aprender y hacerlo en casa. Yo ayudo a mi hijo. Somos un equipo que día a día vamos mejorando”, explicó.
En esta otra copa del mundo no existe un marcador ni una final por disputar. Cada meta alcanzada representa una victoria que aporta a la construcción de una ciudad más inclusiva, equitativa y comprometida con el desarrollo de todos sus ciudadanos.















