En una ciudad marcada por la expansión urbana, ocho áreas con categoría de conservación en el cantón Guayaquil se mantienen como refugios esenciales para la biodiversidad. Cerro El Paraíso, Bosqueira, Cerro Blanco, La Prosperina, Papagayo, Cerro Colorado, Cerro Azul y Sendero Palo Santo albergan especies de flora y fauna nativa que encuentran en estos espacios uno de los últimos hábitats seguros dentro del perímetro urbano.
Estos ecosistemas cumplen un rol determinante en el equilibrio ambiental de la ciudad: regulan el clima, contribuyen a la purificación del aire, reducen riesgos de inundaciones y resguardan entornos frágiles. En ellos habitan especies emblemáticas como el Papagayo de Guayaquil y el Venado de Cola Blanca, junto a una amplia diversidad de aves, mamíferos, reptiles, anfibios, peces e invertebrados.
Aunque la autoridad ambiental nacional regula estas áreas, el Municipio de Guayaquil mantiene la custodia directa de dos ecosistemas estratégicos, Paraíso y Bosqueira, donde ejecuta planes de manejo que incluyen rondas diarias y monitoreo permanente.
Como parte de estas acciones, en 2025 la Dirección General de Ambiente realizó 348 inspecciones de atención a fauna silvestre y 120 recorridos de control y vigilancia, enfocados en proteger la cobertura vegetal y prevenir intervenciones antrópicas no autorizadas.
La prevención de incendios también forma parte de la gestión. A través del programa de manejo contra incendios, se ejecuta el mantenimiento de franjas de seguridad de entre 3 y 5 metros de ancho en zonas de interfaz urbano-bosque, lo que permite frenar el avance de las llamas en caso de emergencias forestales.
A esto se suma la recuperación del entorno natural mediante siete jornadas de reforestación, en las que se han sembrado 1.280 individuos nativos como guayacán, ceibo, ébano, bálsamo, pepito colorado y cocobolo. Estas acciones se complementan con mingas comunitarias, jornadas de avistamiento de aves, mantenimiento de rutas recreativas y visitas guiadas con instituciones educativas, fortaleciendo la conciencia ciudadana sobre la importancia de conservar estos espacios.
En medio del crecimiento de la ciudad, estas ocho áreas de conservación no solo funcionan como barreras frente a la pérdida de biodiversidad, sino que también garantizan la supervivencia de especies que forman parte del patrimonio ecológico de Guayaquil.











