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Joven guayaquileña convierte la lengua de señas en puente de inclusión y oportunidades

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La sonrisa de María Fernanda Pardo Chóez transmite confianza, energía y determinación. A sus 24 años, esta joven guayaquileña con discapacidad auditiva ha encontrado en la lengua de señas una herramienta para derribar barreras de comunicación y abrir oportunidades de inclusión.

 

Carismática, alegre y con una actitud siempre positiva, María Fernanda dedica su tiempo a enseñar lengua de señas ecuatoriana, una actividad que ejerce desde hace dos años y que se ha convertido en su forma de aportar a la comunidad. Paralelamente, mantiene otro sueño claro: estudiar producción audiovisual y continuar ampliando sus horizontes profesionales.

 

Su historia de superación comenzó cuando tenía apenas seis meses de edad, momento en el que perdió la audición tras recibir una vacuna. Desde entonces, el apoyo familiar fue clave para enfrentar ese desafío. Su madre decidió aprender lengua de señas para comunicarse con ella, construyendo un puente de comprensión que marcaría su desarrollo y su confianza para desenvolverse en la vida cotidiana.

 

Con disciplina y perseverancia, María Fernanda logró integrarse al programa municipal “Comunicación Funcional en las Áreas de Servicio al Cliente para Atender a Personas Sordas – Curso de Lengua de Señas Ecuatoriana”, donde hoy comparte sus conocimientos como instructora.

 

La iniciativa se ejecuta mediante un convenio de cooperación entre la Dirección de Inclusión Social (DIS) del Municipio de Guayaquil y la Asociación Comunitaria de Sordos de Guayaquil. A través de este proyecto se capacita a personal de instituciones públicas y privadas, fortaleciendo la atención inclusiva y beneficiando a alrededor de 500 personas.

 

Para María Fernanda, enseñar no solo es una responsabilidad, sino también una fuente de satisfacción personal. “Me encanta enseñar. He aprendido muchas cosas, Es cierto que al inicio para las personas con las que tengo el contacto se ponen nerviosa porque no conocen nada, pero en el transcurso de la enseñanza llegamos a tener confianza y eso hace que se sientan felices y yo también me siento feliz”, expresó Pardo.

 

Frente a los retos que implica vivir con discapacidad auditiva, su postura es clara y firme. “Esas barreras para mí no existen las aparto. Me siento igual que cualquier otra mujer que necesita respeto y que ejerce su derecho. Como persona tengo mi derecho. No me siento menos, ni más”, enfatizó.

 

Su compañero Daniel López, intérprete de lengua de señas, destaca su actitud y compromiso con el trabajo. “Ha aprendido a desenvolverse en el entorno, le gusta el trabajo que ejerce y es una buena compañera”, expresó.

 

Historias como la de María Fernanda reflejan el impacto de los programas municipales orientados a fortalecer la inclusión y la accesibilidad. A través de estas iniciativas, la Alcaldía de Guayaquil promueve espacios de formación que permiten a las personas con discapacidad desarrollar sus capacidades, aportar a la comunidad y ejercer plenamente sus derechos.

 

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