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Hace 120 años, Guayaquil ya se consolidaba como motor industrial del país

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Mucho antes de la modernización que hoy caracteriza a Guayaquil, la ciudad ya marcaba el pulso del desarrollo productivo del Ecuador. A inicios del siglo XX, su condición de puerto dinamizaba el comercio y daba paso a una industria diversa, en crecimiento y estrechamente vinculada al intercambio marítimo.

 

En ese escenario, las necesidades de la época moldeaban incluso los objetos cotidianos. Los baúles, ante la ausencia de las maletas que hoy conocemos, fueron uno de los contenedores más utilizados, impulsados por el constante transporte de mercancías en buques a vapor.

 

La actividad industrial era amplia y estratégica. La ciudad contaba con 10 fábricas de bebidas gaseosas, 7 de baúles, 7 de chocolates y galletas, 5 curtiembres, 5 fundiciones y 4 piladoras. A este entramado se sumaban otras industrias, con menor presencia, pero igualmente necesarias, como las de calzado, construcción, desmotadora de algodón, escobas, gas, ladrillos, muebles, limpiadora de cacao, municiones, sacos vacíos, tejidos, vela y yeso. También destacaban como industrias florecientes las de licores, cigarrillos y hielo.

 

Este crecimiento tenía un eje claramente definido: la calle de la Industria, nombre con el que se conocía hace más de un siglo a la actual avenida Eloy Alfaro, uno de los corredores más representativos del desarrollo económico de la ciudad. En esta vía se concentraban más de una docena de fábricas, configurando un verdadero clúster productivo que articulaba la dinámica industrial de la época. Incluso, algunas mantienen hasta ahora sus instalaciones y actividades en ese sector, como ocurre con La Universal, a la altura de la calle Gómez Rendón.

 

Un informe de la Intendencia de Policía de 1903, difundido en la Guía Histórica de Guayaquil del historiador Julio Estrada Icaza (2008), menciona a los propietarios de algunas de esas industrias. Entre ellos constan Juan T. Fioravanti (aguas gaseosas), José e Issac Torres (baúles), Ángel Molfino (La Favorita), Hermanos Gando y Segale (chocolates), Maspons & Cia y Timoteo Suéscum (curtiembre), José Mola y M Macías (fundiciones), Emilio Estrada (mosaicos) y Luis Orrantia (sacos vacíos).

 

La vocación industrial de Guayaquil, estrechamente ligada a su actividad portuaria, facilitaba la llegada de materias primas y su transformación en productos con valor agregado para la exportación.

 

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